jueves, 30 de septiembre de 2010

Baja el telón


     Esta es la última entrada. Intitulado baja el telón para siempre. Ha tenido una vida breve, como debía ser. La despedida no podía ser de otra manera que con una historia. Breve también, por supuesto. Muchas gracias a quienes pasasteis por aquí.


Insulsa conversación

     La Muerte resultó ser una sucia cucaracha que una tarde se acercó a un niño que hacía los deberes en la mesa de la cocina para hablar con él. Aburrido por su insulsa conversación, la puso boca arriba, la patiató y amordazó con celo y la encerró en un frasco donde la pobre, después de intentar liberarse día y noche sin éxito, estiró la pata por falta de aire.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Andorga vacía


     Al gato negro le crujía la andorga. Llevaba una semana y media sin probar bocado; ni siquiera con un mísero ratón escuálido se había cruzado en su camino. Desde el tejado húmedo del caserón desierto, observaba con los ojos empañados de lágrimas el fúlgido e inalcanzable plato de leche servido en el cielo: «¿Cómo es posible que lleve tres días lleno en vertical hasta los bordes y no caiga ni una sola gota?».

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Simultáneo


     La cucaracha le lame un ojo, la rata le roe un lóbulo y legiones de gusanos bullen y se ponen las botas de tripas esponjosas. Al mismo tiempo, sus obras —póstumas todas— se venden como churros en las librerías. En una, un cliente desinformado exclama: «¡Cuarenta con veinticinco! ¡Válgame Dios! Este escritor se está haciendo de oro». El dependiente desea soltar una estrepitosa carcajada, pero el riguroso protocolo le cohíbe. La curiana se ha cambiado de pupila, la rata mordisquea el otro lóbulo, mucho más sabroso, y los insaciables gusanos continúan sin quitarse las katiuskas. Se han sumado a la comilona una tropa de hormigas que entran con las mandíbulas vacías por un orificio de la nariz y salen por el otro cargadas con suculenta ambrosía. «Ciento cincuenta con treinta y cinco —le dice la cajera a una señora en otra librería—. ¿Quiere que reparta los libros en dos bolsas?». La máquina registradora vuelve a sonar como siempre, exigente, despótica, a abrirse dichosa, avara, codiciosa.


lunes, 13 de septiembre de 2010

El ataúd


     En la exposición Nuevos lenguajes del arte del Museo Reina Sofía, acapara las miradas de todos el cuadro conocido como El ataúd. A primera vista, es sólo un óleo que representa un féretro junto a las figuras de dos sepultureros que, inclinados hacia delante con las manos en jarras, contemplan el fondo vacío de un foso. Pero, de vez en cuando, la caja se abre y se incorpora el cadáver: «No sé qué diablos les pasa a estos dos que no rematan la faena; por la postura parece haberles dado un ataque de lumbago. Dejen ustedes de mirar tanto y pasen y échenles una mano». Baja luego expectante y despacioso la tapa, hasta que desaparece y se queda tan estático en su pintura como todo un señor finado.


sábado, 11 de septiembre de 2010

Metamorfosis

     Al salir del trabajo, el burro de carga rebuznó de dicha y se convirtió en una enorme alondra que alzó el vuelo y desapareció tras las nubes más altas.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Camión al matadero


     «Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete..., veinte, veintiuna, veintidós..., treinta y tres, treinta y cuatro..., cuarenta, cuarenta y una. Muévete... Muévete, te digo. ¡Arrea, no te lo repito más!». «Te olvidas de sumar el cabrito que llevo en la bolsa de aguas», gimió de rodillas la cabra al cabrero.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Abrevadero


     Sus amos trasiegan y juegan con alborozo al mus en la taberna. Atados a unas argollas, con heridas de látigo hasta en los huesos, los cuatro burros enjutos de carnes sollozan dentro del abrevadero vacío y se beben las lágrimas de sus compañeros.


miércoles, 8 de septiembre de 2010

Mundo depredador

     Tumbada bajo la acacia, la joven leona leía con gran interés el exitoso libro Cómo sobrevivir a un mundo depredador, escrito con intranquilidad por la laureada gacela entre carrera y carrera.

martes, 7 de septiembre de 2010

Descanso


     De una argolla fija al techo pende una resistente soga donde, todos los días cinco minutos antes de su tiempo de descanso, el funcionario cuelga cuidadosamente su flaco cuerpo como si fuera un traje de domingo; sin que toque con los embetunados zapatos el suelo y con un vistoso cartel sujeto con los dientes para guardar el debido decoro: «Disculpen. No podré atenderles hasta dentro de media hora. Lo hará mi compañera por la ventanilla de al lado. Gracias». Y en alma se larga a tomar un piscolabis y un café solo doble.


lunes, 6 de septiembre de 2010

Cita a ciegas


     A la luz de las velas, brindaron con ojos chispeantes. Dieron un sorbo de vino tinto y comenzaron la romántica cena. La zorra le metió mano a las acelgas revueltas con huevo y el conejo al conejo a la cazuela. El resto de comensales del restaurante los miraban y comían con la boca abierta.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Monte

     La cabra siempre tira para el monte, excepto cuando lo ve atestado de lobos y otras fieras que tras los árboles enseñan los afilados dientes como muestra de bienvenida desinteresada.

sábado, 4 de septiembre de 2010

¡Zzz...!

     Para conciliarse con el sueño, el cuentacuentos siempre cuenta cuentos en lugar de ovejas.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Botella con ranas


     Muerto de sed, pedí una botella de agua pequeña en la estación de servicio donde a menudo paro a echar gasolina. La educada dependienta me dio una muy similar a un biberón, con tres ranas pequeñas nadando a duras penas dentro. «¿Para beber?», pregunté sin salir de mi asombro. «Sí, caballero —me dijo con su dulce voz—, por un agujero tan pequeño jamás saldrán los batracios, y, por tanto, las posibilidades de tragárselos son siempre nulas».

jueves, 2 de septiembre de 2010

Tiempo


     Marcos pasa los crepúsculos sentado en el único banco de piedra del parque que hay a las afueras del repulsivo pueblo. Es un momento único en que le gusta pensar en cómo el tiempo se aleja rápido sin volver la vista atrás, sin pronunciar una sola palabra. Despreocupado, le sopla besos con un soplador invisible de pompas de jabón, saca del bolsillo el pañuelo de seda blanco que le regaló su difunta abuela y lo ondea con gracia y desparpajo —como si se asomara por la ventanilla de un tren que se pone a andar, como si en vez del tiempo fuese él quien partiera para siempre—, y remata el vespertino ritual con adioses cantados y lágrimas gruesas; de cocodrilo o caimán, según por donde le da.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Cocodrilo


     Como tantos otros animales, el cocodrilo siempre leía con entusiasmo a Ramón, pero en aquella ocasión una de sus greguerías le indignó sobremanera y arrojó airado el libro al río: «¡Vamos, que tener el descaro de decir de mí que soy un zapato, un zapato desclavado! ¡Mejor una abarca, hombre!, ¿o es que éstas no se desclavan ni a fuerza de patadas?». Y acto seguido, de hinojos y con las patas delanteras juntas como buen suplicante: «Perdón, Ramón, perdón, donde sea que te encuentres no me lo tengas en cuenta. Tú bien sabes que te adoro, Ramón. Para mí eres un dios, un dios auténtico e irreemplazable». Se zambulló rápido, rescató el ejemplar descatalogado de las fauces del vórtice tragaldabas que tenía un interés loco por sus páginas y continuó leyendo.

martes, 31 de agosto de 2010

Polvo


     «Y, convertido ahora en simple polvo, ¿a qué piensa dedicarse, señor Wilde?», le preguntó el reportero. —Una pequeña porción de cenizas irrumpió en sus ojos, y el resto se marcharon volando con el viento, como una bandada de canoros ruiseñores, lejos de aquel lugar que tanto les aburría y desagradaba ya.

lunes, 30 de agosto de 2010

Él



Inminente

     Cita en Hawaii giraba en el viejo tocadiscos, Superman y Spiderman, ajenos a lo que sucedía a su alrededor, se daban un revolcón de cómic en el lecho de telaraña y con dosel de capas rojas, y en el telediario sin voz de las tres de la tarde aparecían imágenes fugaces de la Tierra en inminente peligro de destrucción.

sábado, 28 de agosto de 2010

Mosca reflejada


     Sin cesar de mirarse con fruición a los ojos, se dijo abstraída: «Ésa soy yo reflejada». Con la pala matamoscas la chacha la golpeó con saña y la dejó con un pie en la sepultura, patas arriba sobre el marco del espejo ovalado del tocador. La mosca torció con gran dificultad la cabeza, se miró agonizante y exhaló suave: «Y esa otra también».


viernes, 27 de agosto de 2010

Preciados



     Arrodillado en el suelo, el zarrapastroso mendigo pide limosna a diario con un cartel de madera en las manos: «Una moneda, por favor. Gracias por su generosidad». Por Preciados pasean muchos días sus padres, que lo miran siempre de soslayo y no lo reconocen; tampoco su adinerada hermana. Pero ella, cada vez que pasa por delante, le echa calderilla en la cajita de cartón puesta entre él y el triste perro soñoliento tumbado a su vera.


jueves, 26 de agosto de 2010

Tortuga


     Tumbada a la sombra artificial de la palmera, e inmersa en una profunda pena, la solitaria tortuga se preguntaba en el estanque de plástico con forma de haba: «¿Por qué no me traería nada a esta isla desierta? ¿Sería quizá porque no se me brindó la oportunidad de elegir siquiera una sola? Si mal no recuerdo, eran tres cosas, ¿verdad?».


martes, 24 de agosto de 2010

Con filosofía


     Desde el elevado trampolín, lanzó al aire la brillante corona y dio un salto hacia atrás con doble tirabuzón, con el ansia de partirse la cabeza en dos, perder la vida. Pero a escasos metros de impactar contra los destellantes azulejos, la piscina comenzó a llenarse rápido. No obstante, se tomó con filosofía el descalabro mientras se ahogaba con fruición en el agua frígida y cristalina. «¿Dónde estará nuestra abeja reina?», se preguntaban preocupados tres días después en la colmena zánganos y obreras.

lunes, 23 de agosto de 2010

El Guernica


     Las obras de arte del Reina Sofía, encabezadas por El gran masturbador,  recogen firmas para que el Guernica sea devuelto al Museo de Arte Moderno de Nueva York. No les hace ni pizca de gracia que todas las noches se escape del cuadro la imprecisa paloma de pescuezo retorcido y les cague encima palominas porque sí. De momento sólo han recogido las suyas propias. Los numerosos visitantes no parecen prestarles un mínimo de interés. La dirección, que ve cómo comienzan a caldearse los ánimos, baraja seriamente la posibilidad de aislarlo en una sala bajo llave y vigilancia permanente. Sobre todo este lío el Guernica no se pronuncia, no dice ni papa.

domingo, 22 de agosto de 2010

Regalo


     Por su cumpleaños, Yahvé recibió un inesperado regalo —todo un detalle por parte de su mayor adversario—, un cálido espejo oval con dedicatoria firmada de su puño y letra: «Para que se mire todos los días al despertar y vea qué hermoso es usted». Dios vaheó sobre el cristal y, con una sonrisa de oreja a oreja, dijo: «Y también para contemplarme borroso, no cabe duda». «Vuela hasta las puertas del Infierno —ordenó luego a un ángel— y dale las gracias de todo corazón. En el fondo, este agudo Lucifer es majo, un gran muchacho».

viernes, 20 de agosto de 2010

Florestrellas


     Subida en lo más alto de la enorme A escalera, la niña plantaba en un oscuro macizo del cielo brillantes florestrellas de papel charol de distintos colores. Los demás arriates le chistaron a la vez, impacientes: «¡Chsss, aquí, chiquilla, aquí! Yo también quiero que me engalanes así. Espabila y acércate antes de que se despierte el sol». «Tranquilos, tranquilos —les calmó—, a él no lo dibujaré hasta mucho después de haberos puesto guapos a todos, y aun así ya veré, ya veré».

jueves, 19 de agosto de 2010

Deseo


     Tumbado boca arriba en el jardín, el niño pidió un arriesgado deseo al verla surcar la bóveda celeste. Bajó rauda, y cuando estaba a punto de chocar contra el suelo, frenó en seco y le recriminó enojada: «¿En serio crees que voy a estrellarme porque a ti se te antoje? No soy tan tonta, mocoso». Se puso rojo como cien amapolas revueltas en una cesta de mimbre. Satisfecha, la estrella fugaz se frotó las manos y regresó veloz al luctuoso cielo desierto, donde desapareció por un diminuto agujero invisible.

miércoles, 18 de agosto de 2010

En la otra página


     Rezaba en silencio con el rostro encogido, pálido de miedo.
     —¿Qué te ocurre? —le preguntó el hijo de la escritora.
     —Estoy con un pie en la otra página —se sinceró el microrrelato tras un suspiro—. Y se rumorea, se dice, se pontifica que más allá de una cara dejamos de ser y pasamos a mejor vida.
     —Cálmate —le tranquilizó el niño—. Se lo contaré a mi madre para que pare de escribirte.
     —Ella ya lo sabe, y está que trina y echa humo por no encontrar aún cómo ponerme punto final.
     —Aunque lo sepa, tengo que decírselo porque no quisiera que llamen loca a mi mamá. Trinan los pájaros y echan humo las locomotoras, no las madres. —Y salió disparado como un cohete.
     ¡Quién le mandaría a él extenderse más por hablar con un niño! El microrrelato retomó sus silenciosas súplicas a las escuetas deidades literarias, con el temor de haberse metido en un insalvable lío inesperado.

 
 

martes, 17 de agosto de 2010

lunes, 16 de agosto de 2010

domingo, 15 de agosto de 2010

Por partes, siempre


     Siempre comenzamos en la cama a las doce de la noche, nos quedamos en cueros a las primeras de cambio y paramos siempre en mitad de la función, lo cual sucede siempre en la misma fracción del mismo segundo. Nos encanta la exactitud. La segunda parte, también en bolas, siempre la representamos a las doce del mediodía en el jardín, a la hambrienta vista de todos; y ya llueva, hiele, truene o nos achicharremos, no nos mueve de allí ni Dios. Ni que decir tiene que en la duración de este trecho también somos precisos como un reloj.


viernes, 13 de agosto de 2010

Raya


     —No haces más que pasarte de la raya.
     —Y, ¿ahora no has hecho tú lo mismo?
     —Llevas razón. ¡Y otra vez más que me he pasado! Pero sin darme cuenta de nuevo.
     —Yo también me pasé. ¡No dirás que no resulta divertido!
     —Sí, lo es, y mucho. ¡Anda, vuelve a hacerlo!
     —¿Lo ves?
     Claro que lo veo, pero sin pasarme esta vez. —
     —Me meo de risa.
     Yo también, pero lo mío es literal y sin pasarme de la... Tú ya me entiendes. —

jueves, 12 de agosto de 2010

Nubes rojas


     Murió al atardecer, de una sobredosis de somníferos, solo en casa y rodeado de un montón de folios de historias inconclusas. Un segundo más tarde, tenía ya preparada la única maleta de viaje y bajaba raudo a coger un taxi. «¿Ve aquellas nubes rojas en el horizonte?», le señaló con el índice al chófer. Y, sin dejarle tiempo a que contestara, le dijo excitado: «No las pierda de vista. ¡Vaya hacia allí, rápido!, ¡rápido!».


Nunca más

     Sentado en el sillón de mimbre, cejijunto, con el dedo índice tieso en vertical y el brazo oscilante, el hombre invisible le advirtió a su oculta imagen en el espejo: «Aunque no te vea, sé que te burlas de mí. No se te ocurra hacerlo nunca más. De lo contrario, no me verás el pelo jamás».

miércoles, 11 de agosto de 2010

Mosquito



     No debió de gustarle lo que encontró en la oscuridad del túnel de la pupila porque salió tan rápido como entró, supersónico como un rayo, con el rostro pálido de miedo y la cabeza vuelta hacia atrás por si acaso lo perseguían. Al verlo dirigirse despistado hacia él, el matamosquitos eléctrico sonrió como en el anuncio publicitario donde aparecía promocionado.

martes, 10 de agosto de 2010

Metro


     «La próxima estación donde he de parar es Gran Vía, ¿verdad?», preguntó dubitativo en el túnel en penumbra, a falta de treinta metros. «Sí, así es», afirmó el conductor, que no necesitaría pisar el freno. «¡Huy, cuánta gente! —exclamó tembloroso el principiante tren subterráneo cuando torció la curva—. Por el bien de todos los viajeros, y también por el nuestro, deseo que cuando vuelva a arrancar tengamos un viaje placentero».


Nota


     En el momento de exhalar el último suspiro, la lánguida esposa extendió su débil mano para entregarle la nota al atribulado viudo: «Sigamos en contacto, www.elotromundo.com».


lunes, 9 de agosto de 2010

Hazmerreír


     «Debería darnos vergüenza —sermoneaba el rey de los pájaros a la alígera muchedumbre—. El hombre ya ha pisado la luna y nosotros aún no. ¿Hasta cuándo, hasta cuándo pensamos seguir siendo su hazmerreír...?». Nadie dijo ni pío ni mu ni cucú. La luna se carcajeó: «¡Ja, je, ji, jo, ju!».

sábado, 7 de agosto de 2010

Escorpiones

     —¿En serio piensas que nos resultará fácil burlar la seguridad de palacio para envenenar a esos endemoniados reyes?
     —¿Tú qué crees?

viernes, 6 de agosto de 2010

Extraño fenómeno

     La paloma se sentía desolada por no ocurrírsele cómo resolver aquel gran problema que le martirizaba, pero al posarse en el cable de alta tensión se le encendió la bombilla y los ojos le brillaron de alegría.

jueves, 5 de agosto de 2010

Casting


     Fue el primer aspirante en llegar al casting de extras para la próxima película de Woody Hale, Sexo en tres dimensiones, a rodarse próximamente en Barcelona y Sevilla. Hacía una rasca de mil demonios, pero iba muy bien abrigado con su gabán de lana como para pasar frío alguno. «Debe de haberse confundido de prueba —le dijo el experto jurado que esperaba con el portafolios negro en la puerta de entrada aún cerrada—. Buscamos ovejas, no lobos».


  

miércoles, 4 de agosto de 2010

Entierro

     Entre lágrimas, la multitudinaria fauna dio el último adiós a la vieja gallina. El último en abandonar la sepultura fue el zorro.

lunes, 2 de agosto de 2010

Pulga


     Viento, el vacío y la más absoluta oscuridad a su alrededor. Agarrada con fuerza a un pelo corto y moreno a la deriva, la pulga pensaba para sí: «¡Con lo que me gusta a mí saltar!, ¡a ver dónde brinco yo ahora!». Inopinadamente, apareció una nube fosforescente con forma de perra loba.

domingo, 1 de agosto de 2010

El grajo grazna al espantapájaros


     No logro entender por qué no me espantas cada vez que me poso sobre tus mullidos hombros. Como los niños, sólo te quejas de que te hago pupa, de que te clavo las uñas, pero lo dices suavecito y jamás lloras. ¿Te gusta?


viernes, 30 de julio de 2010

Ancas y lengua larga


 
     «Bésame, hermosa... ¡anda! —croó la rana—, y me convertiré en tu príncipe de fábula». «¡Embustera! —le reprochó la princesa después de darle con decisión el beso en el sensual globo bajo la boca—. ¿Desde cuándo los príncipes tenéis ancas y lengua larga? ...del resto del cuerpo no tengo queja. Supera, y con creces, el de Apolo. Es para quitarse el sombrero y todo lo que haga falta».

jueves, 29 de julio de 2010

Bragueta II


     ...le abrieron; ¡cómo no! Entró por la bragueta desabrochada, despacio, con extraordinario cuidado y delicadeza, echó un vistazo alrededor y salió por patas —por cinco para ser más exactos; tenía una coja—, con asombrosa cara de espanto y las alas erizadas. En su vida había visto un... tan...

(Y esta vez sí que no continuará...)

miércoles, 28 de julio de 2010

Bragueta I


     Demostraba siempre excelentes modales, una educación envidiable, de alta dignataria, de señor que siempre suelta «gracias, muy amable» acompañado de una elegante sonrisa. La mosca llamó suavecito a la bragueta cerrada del pantalón vaquero y...

(Continuará...)

martes, 27 de julio de 2010

Guiñol


     Al muñeco de guiñol le indignaba que el titiritero le metiera mano porque sí en todas las funciones, y una frígida noche, luego de representar el aburrido papel de siempre, decidió llenar de caca de pato el hueco de su cuerpo de trapo, coserlo y grapar una nota en su larga falda negra: «Para que no me metas mano más. Procaz, descarado».

domingo, 25 de julio de 2010

Condenado trasto




     «No sé qué diablos le pasa a este condenado trasto que falla tanto últimamente», se dijo rabiosa la Madre abadesa mientras lo zarandeaba. Le propinó luego una patada en la espinilla. Pero nada. Le dio otra en el muslo. Tampoco. Lo agasajó con una más fuerte en los férreos huevos. «¡Ahora, por fin!», gritó victoriosa, y se llevó de nuevo a la boca el pene ya erecto del lujoso robot con báculo y mitra dorados.

sábado, 24 de julio de 2010

Memoria


     Después de echar el décimo y último polvo, por más que hizo memoria, el cuentista no logró recordar ninguno de los brillantes cuentos que se le habían ocurrido a lo largo de la ardiente noche, y se puso a mojar con lágrimas la alfombra mágica dormida bajo sus pies tatuados con Pinocho, Pulgarcito, la bella durmiente y el flautista de Hamelín.

viernes, 23 de julio de 2010

Churro


     Como todas las noches, después de echar unos cuantos polvos, la última escritora galardonada con el Nobel de Microficción saca el bolígrafo y el papel ocultos bajo la plumífera almohada y escribe absorta un microrrelato. Le vuelve a salir un churro, sin aceite ni chocolate ni azúcar; un cohombro como Dios manda, un bodrio en toda regla. Se le saltan las lágrimas, le chupa las tetillas tiesas a su marido, lo mira a los ojos, le da un pico de pajarillo tristón y le susurra al oído: «A partir de mañana, amor, probaré a ver si escribiéndolo antes...; y después echaremos todos los casquetes que consideremos necesarios, oportunos».